Sus últimas palabras.

Es normal encontrarnos con hechos o historias contadas en los medios o por personas conocidas. Muchas de estas nos dejan realmente impresionados. Y es que la vida humana es tan impredecible que por más que pensamos que tenemos todo bajo control, son muchas las cosas que inesperadamente pueden ocurrirnos de la noche a la mañana.

Esta tuvo lugar durante las primeras horas de la mañana en los primeros días del mes de noviembre; el personal del 911 de la zona sur de Florida, en Estados Unidos; recibieron una llamada llena de desesperación: “Un automóvil de cuatro puertas de color blanco iba en dirección contraria a gran velocidad, se pudo determinar luego que eran  a unos 160 kilómetros por hora”.

Al poco tiempo de esta llamada se produjo un accidente cuando el vehículo se estrelló contra otro; en el cual se encontraban viajando dos mujeres.

A los minutos de haberse recibido esta llamada ocurrió un terrible accidente. El vehículo en cuestión en el que viajaban dos mujeres se había estrellado contra otro estrepitosamente.

La conductora del auto que produjo el accidente era Kaila Mendoza; quien tan solo unas horas antes había Twitteado “demasiado borracha para que me importe».

Luego de ocurrir el accidente en lo único que ella se preguntaba era en cómo llegó ahí.

Un limón en tu dormitorio por varios días podría salvarte la vida.

Las chicas que se encontraban en el otro vehículo eran Kaitlyn Ferrante y Marisa Catronio; de 21 años de edad; ambas mejores amigas. Ninguna logró sobrevivir. Marisa falleció en el accidente y Kaitlyn en el hospital tan solo unos días más tarde.

Ante esto Mendoza dijo “me rompe el corazón que no solo originé un accidente; sino que las chicas muriendo por este; lo que me hizo preguntar por qué sobreviví”.

Como resultado de este accidente a Mendoza la condenaron a 24 años de prisión y 6 años de libertad condicional. Además, se le prohibió conducir por el reto de su vida.

Ella solo dice que se arrepiente; pero que al final del día ella es humana. Que tiene un corazón y que todo el día vive con la culpa comiéndola por dentro. No importa el tiempo que pase; ella asegura que ese día jamás saldrá de su cabeza.

Su único deseo es que sus malas decisiones puedan darle una lección a los demás; para que sepan que no pueden conducir y tomar alcohol al mismo tiempo.